jueves, 18 de febrero de 2010

10 RAZONES POR LAS CUALES SOY PRESBITERIANO

Rev. Misionero Marcos M. Cabral

Solamente al Dios trino soberano damos toda la gloria. “Solí Deo Gloria”. Y vivimos bajo su providencia y dedicamos nuestros talentos y dones con buena mayordomía en todos nuestros negocios de la vida. Reconocemos su soberanía sobre todas las cosas.

Jesucristo es el cabeza de la Iglesia. No es algún hombre o mujer especial. “Solí Christus”, que es el salvador, mediador del Nuevo pacto y Señor. Nosotros somos los miembros de su Cuerpo (la iglesia).

La Palabra de Dios es la única regla de fe y conducta. No atendemos a ninguna revelación particular o sabiduría humana para nuestra dirección. “Sola Scriputura”, que es la revelación especial de Dios, que contiene la fuente de la verdad acerca de la Divinidad y su voluntad.

Vivimos en el Nuevo Pacto llamado Pacto de la Gracia. “Sola Gratia”. La salvación es completa (elección, llamado, justificación, glorificación) y es un regalo del Señor que no es basado en el merito humano. Predicamos con nuestra vida, conducta y palabra, el mensaje de la cruz. Así, tenemos el compromiso de evangelismo local y de las misiones.

Conocemos la verdad que sin fe es imposible agradar a Dios. “Sola Fide”. La fe es certeza y convicción que entra en el descanso (sábado) de Dios. No vivimos preocupados y ansiosos por la vida, así presentamos a Dios a través de la oración nuestras peticiones.

Somos una Iglesia histórica y Reformada que tenemos como símbolos de fe, que son la expresión de las Escrituras Sagradas, la Confesión de fe y los catecismos mayor y menor de Westminster del siglo XVI.

Reconocemos que la organización bíblica es el gobierno de presbíteros, elegidos por el pueblo de Dios para la administración de la iglesia. Que los oficios bíblicos genuinos son: ministro (presbítero docente), presbítero regente y diáconos.
Entendemos que hay solamente dos sacramentos, que son señales y sellos del Pacto de la Gracia, el bautismo por aspersión y la santa cena que son administrados de manera reverente y verdadera.

Nuestro culto es nuestra propia vida en adoración diaria al Señor y cuando reunimos en ceremonia publica con todos los hermanos juntos en comunión, expresamos la honra y gloria a Dios con una liturgia bíblica.

10° Consagramos con mucha fidelidad y compromiso nuestros diezmos a la casa del Señor y con mayor alegría, impulsados por generosidad, entregamos nuestras ofrendas voluntarias.

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